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Según se cuenta, en la antigüedad romana la frase “mens sana in corpore sano” se refería a la necesidad de orar para disponer de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado. No han cambiado mucho las cosas. Veamos si la seguridad podría beneficiarse mejorando esa capacidad de equilibrio.

Lo primero que debemos dilucidar es si ese equilibrio sería bueno o si nos abocaría a una mediocridad no deseada. Como de costumbre, seguro que habrá ideas de todo tipo, con vehementes defensores del equilibrio y otros, igual de vehementes, defensores de la más profunda especialización.

Retomando el título que introducía estas líneas, trataremos de compartir aquí la idea –exponiendo a priori lo que esperamos concluir– de que el equilibrio en la seguridad es un factor determinante de la eficiencia de la misma y de la consecución de resultados que de otra forma sería muy improbable conseguir.

Así, observando un importante evento de atletismo, en el que competían atletas de varias disciplinas participando cada uno solamente en una especialidad muy determinada, aunque en algunos casos lo hacían en diversas variantes de las mismas, se apreciaban las grandes marcas conseguidas por los vencedores; pero cerca de ellos se encontraban los derrotados, muy buenos en lo suyo, con el amargo sentir de que nadie podría ayudarles ni prestarles la milésima que les había faltado. Tratando de ver si había alguna capacidad de apoyo, miramos a otras zonas del mismo campus, pero no podíamos establecer ninguna conexión entre lo que hacían los distintos grupúsculos ensimismados en su exclusiva tarea.

Sin embargo, en otra competición totalmente separada, había un grupo de otros deportistas, triatletas les llamaban, que iban saltando de una disciplina a otras completamente dispares, y se podría decir que casi antagónicas, con una agilidad y una limpia transición que casi hacían olvidar sus “mediocres” marcas individuales, comparadas con las de los especialistas.

Al igual que siempre que hemos comentado el tema de Seg2 (física y ciber), hemos tenido en cuenta sus posibles ampliaciones a Seg3, Seg4… Segn, añadiendo al mismo discurso otras disciplinas de la seguridad global (medioambiental, laboral, inteligencia…). Podríamos hacer el mismo ejercicio de similitud con el triatlón, pentatlón o decatlón. Para ello, sería conveniente que hiciésemos un ejercicio de abstracción, y al pensar en los siguientes comentarios sobre el equilibrado, y por supuesto también competitivo, deporte del triatlón, los fuésemos extrapolando hacia nuestras ideas de cómo y por qué se debería conseguir la implantación de un sistema de seguridad suficientemente especializado, pero armónico y equilibrado, con capacidad de apoyarse interiormente y formar una cadena en la que no falle ningún eslabón y una red impenetrable contra la que no haya nada que hacer. Lo dicho, pensemos en nuestras inquietudes y emulemos en lo que se pueda a los buenos deportistas.

Multidisciplinariedad

Nuestro triatleta practica un deporte multidisciplinar, en el que busca un equilibrio entre todas sus disciplinas. Sabe que se descompensa mucho el cuerpo si ejercitase solo una. En la morfología del cuerpo se producen cambios en función del tipo de deporte, la musculatura principal y la disciplina realizada. Tampoco es lo mismo la morfología tipo entre un nadador y un corredor, pero como tampoco lo es entre un atleta de velocidad y uno de fondo. Tal vez nos pase lo mismo cuando una empresa, por los motivos que sean, incluso por moda o por alarma social, se vuelca hacia un determinado tipo de seguridad minimizando los recursos de otras. Y del mismo modo, habrá que tener en cuenta que no todas las capacidades son válidas para todas las personas. Estas también tienen su “morfología” en cuanto a aptitudes, actitudes o conocimientos.

Una gran ventaja de nuestro campeón es que no se lo juega todo a una carta que, al igual que en seguridad, si pierde queda derrotado y el adversario se lleva el trofeo. El triatleta, cuando tiene una merma de capacidades o un pequeño fallo en una de sus disciplinas, puede compensarlo con un mayor esfuerzo en otra y tratar de conseguir un buen resultado global que le permita el triunfo.

La triatleta –sí, no es fácil nombrar permanentemente los dos géneros en cada frase, pero los que suscribimos este artículo, evidentemente, no tenemos dudas al respecto– no empezó directamente a practicar este multideporte, sino que comenzó su vida deportiva practicando uno determinado y dando algún que otro bandazo hasta encontrar el que mejor se adaptaba a sus gustos, a su morfología o, simplemente, a las capacidades que disponía en ese momento para hacerlo. En seguridad difícilmente tenemos la suerte de empezar libremente con la convergencia y suele ser una evolución a la que nos llevan las circunstancias exteriores o incluso exigida por la normativa. Pero, ¿por qué ese cambio?, ¿qué motivaciones le impulsan a ello si sabe que en otras disciplinas no será tan buena como en la que siempre ha practicado? La respuesta que nos dio parecía bastante coherente y, para nuestro caso, totalmente extrapolable.

Como ella, hay gente, los menos, que comienza a practicar triatlón desde cero. También hay personas que comienzan con el triatlón porque anteriormente se han dedicado a realizar alguna de las tres modalidades que lo componen y consideran que han cumplido su etapa competitiva en esa especialidad o porque con motivo de alguna lesión, encuentran en la natación o en la bici una forma alternativa de seguir adelante mientras se recuperan. Suena parecido a cuando sufrimos un bache en temas de seguridad.

Nos hablaba de nuevos retos, nuevas motivaciones, beneficios a nivel cardiovascular, ser más completa y de evitar sobrecargas al realizar entrenamientos muy específicos, ya que de esta forma se podrían evitar lesiones y la carga no solo estaría centrada en un grupo muscular derivada de la práctica de una sola disciplina. En ocasiones, cuando cambian las circunstancias por lesión o porque hay nuevas motivaciones, cambia lo que hasta el momento había sido la disciplina preferida. Aunque el vocabulario sea distinto, con un poco de imaginación podríamos sentir que estábamos hablando de disciplinas de seguridad y de los problemas que nos pueden provocar cuando nos centramos en una sola.

¿Y en quién se pueden apoyar para comenzar estos cambios? Pues se puede hablar, por ejemplo, de las ventajas de estar en un club de triatlón en lugar de realizar un entrenamiento individual. Las ventajas serían entrenar con otros deportistas con tus mismas inquietudes, de forma que se pueden exponer sus experiencias y aconsejarse mutuamente. ¿No es acaso lo que deberíamos conseguir en nuestros “clubs” de directores de Seguridad o similares? ¿Podremos encontrar alguno en el que haya una buena cantidad de “triatletas” convencidos y que provengan de todas y cada una de las disciplinas de la seguridad? No parece fácil, ¿verdad?

Conclusión

Infraestructuras criticas Global TechnologyEn conclusión, no queremos, ni podemos, negar la necesaria especialización de un elemento determinado, pero estamos buscando una gestión de la seguridad que, como ese triatleta, domine varias disciplinas con un solo corazón y piense y actúe como un todo armónico, capaz de realizar una misión compleja ante un enemigo global.

Varios atletas unidisciplinares, totalmente especializados, pueden conseguir excelentes marcas individuales, incluso pueden ir en el mismo autobús o asistir a un mismo evento, pero no pueden formar un equipo impenetrable en el que pudieran echarse una mano unos a otros o suplir las carencias de un compañero ante un rival que pudiera superarle.

Necesitamos personas que lideren la seguridad con el ánimo de un triatleta, sin temer a introducirse en otras disciplinas en las que nunca será un especialista, pero que ayudarán a entender el sistema como un todo y a buscar el necesario equilibrio capaz de reponerse cuando una parte se debilita y seguir ofreciendo un buen escudo ante el adversario.

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